Síntomas de enfermedad en los cíclidos

La salud de nuestros cíclidos: Cómo reconocer los síntomas de enfermedad

Durante el tiempo que dure tu afición a la Acuariofilia, que esperamos sea mucho, mucho tiempo, será inevitable que en algún momento tengas que enfrentar la enfermedad de tus peces, y para que seas capaz de detectarla y atajarla lo antes posible, es de vital importancia que aprendas primero a reconocer los signos de salud en cualquier especie, o al menos los de las especies que vayas a mantener.  

Los manuales sobre peces ilustrados a color proporcionan mucha información sobre lo que es lo normal, y te ayudarán a establecer y reconocer el aspecto natural de los individuos sanos de cada especie en particular. También puedes preguntar a acuaristas con más experiencia, que seguro habrán tenido que lidiar más de una vez con la enfermedad y te podrán aconsejar sobre cómo actuar. Y, por supuesto, debes consultar a tu proveedor. Si has adquirido tus peces en una buena tienda, tu proveedor sabrá ayudarte a reconocer lo que le pasa a tu pez enfermo y te aconsejará respecto a los pasos a dar o te propondrá un tratamiento y te explicará cómo llevarlo a cabo.  

Acuario hospital

Para el mantenimiento de peces en acuario es muy recomendable, indispensable diríamos nosotros, disponer de un acuario hospital o de cuarentena. Un segundo acuario nos ayudará a aclimatar los peces recién adquiridos, a pasar las cuarentenas necesarias y será imprescindible para su cuidado y tratamiento cuando enfermen. 

No es necesario que sea demasiado grande, una urna de 40 x 30 x 75, de 90 litros, será más que suficiente, incluso una más pequeña puede valer. No es necesaria la decoración, una capa de grava, una planta artificial y alguna roca para refugio, un pequeño filtro de esponja y un calefactor si son peces tropicales, será suficiente. Ten en cuenta que una vez tratado el ejemplar enfermo o acabada la cuarentena, este acuario se vacía y se limpia para dejarlo preparado para un próximo posible uso. El agua será la misma que la del acuario principal (lo que menos necesita un pez enfermo es un cambio en las condiciones del agua, puede que sus defensas no lo resistan), y poca o ninguna luz, es importante que el acuario esté oscuro, porque le quitará energía a los parásitos. 

También es muy conveniente que tengas siempre disponible un producto para tratar el punto blanco, la enfermedad más habitual en los peces tropicales, un bactericida y un fungicida, vigilando siempre la fecha de caducidad. Recuerda que lo primero es la paciencia, pues los tratamientos suelen durar algunos días, incluso semanas. Sigue siempre las instrucciones para su aplicación y llévalo a cabo hasta el final. Si la mejora no llega en un par de días no debes suspenderlo, modificarlo ni reemplazarlo, ten en cuenta que la mezcla de productos puede provocar trastornos aún más graves al pez.

Observa a tus peces

Observando regularmente a tus peces aprendes a reconocer el aspecto y comportamiento normal de cada uno en particular y a detectar cualquier cambio significativo que te indicará si hay algún problema. Una vez al día les darás de comer y ese será el mejor momento para asegurarte de que todos están presentes y sanos. Si algo no va bien, entonces será cuando podrás detectar los primeros síntomas. 

Recuerda que la gran mayoría de las enfermedades de los peces de acuario tienen su origen en la descompensación de los parámetros químicos del agua. Cuando sospeches que un animal pueda estar enfermo, lo primero que deberás comprobar es la calidad del agua. El mejor método de prevención es el control metódico y periódico de las condiciones del agua.

Comportamiento

Cualquier variación en el comportamiento normal de una especie puede ser una posible causa de preocupación. No se debe pasar por alto ninguna alteración que se produzca, pero también debes tener en cuenta que algunos cambios pueden ser normales, como por ejemplo los que se producen durante la época de reproducción.

Si adviertes decaimiento o una intensa actividad en algún ejemplar, puede significar que algo sucede. Pero ten en cuenta también que hay especies que establecen jerarquías sociales y puede ocurrir que el pez dominante esté enfermo, pero también puede ser que simplemente un pez más joven ha llegado a ser más fuerte y más grande que él y entonces éste deberá someterse al nuevo líder.

La forma de nadar de los peces es fluida y al observarlos da la sensación de que lo hacen sin el menor esfuerzo, así que si adviertes una natación extraña puede ser síntoma de que algo pasa. La mayoría de las especies nadan con su aleta dorsal completamente extendida y unas pocas nadan al revés o de lado, normalmente de forma temporal, pero, en cualquier posición, la forma de nadar del pez debe ser regulada y controlada. La natación anómala y desequilibrada de un pez que intenta avanzar desesperadamente y en una extraña posición es síntoma seguro de enfermedad.

Lo mismo ocurre con la flotabilidad y nivel habitual de natación en el acuario. Un pez con  dificultades para mantener la posición natural de su cuerpo puede tener algún problema que afecte a la vejiga natatoria. Algunas especies la tienen atrofiada, lo que les incapacita para descansar en el fondo, pero otras se alimentan generalmente en el fondo, y se supone que deben encontrarse allí la mayor parte del tiempo. Si observas a un pez que normalmente nada libremente, descansando en el fondo, o a uno que habita normalmente en el fondo nadando constantemente en superficie, es probable que esté enfermo. 

Es posible que detectes movimientos y posturas anómalas en algún ejemplar que podrían ser debidos a deformidades en la espina dorsal, debilidad general o daños en el sistema nervioso central, pero si observas que los animales se mueven de forma repentina y precipitada, golpeándose contra el fondo y las rocas puede ser debido a una irritación en la piel. 

También debes fijarte en el comportamiento de un pez en relación a los demás en su hábitat normal. Muchas especies nadan en grupo a lo largo del acuario, por lo que si un individuo de su misma especie nada en solitario o sin energía, posiblemente no esté bien. Los peces enfermos suelen agruparse entre ellos, separándose de sus compañeros sanos.

Y si un pez tuviese problemas en las agallas buscará zonas en el acuario donde el nivel de oxígeno sea más elevado. Lo observarás boqueando en la superficie del agua o en las salidas del filtro. 

Alimentación

Una buena alimentación es básica para que nuestros peces tengan unas buenas defensas. Debes procurarles una alimentación rica y variada, ofreciéndoles tanto granulado o escamas, como alimento vivo o congelado, sin sobrealimentarles y respetando el día de ayuno semanal. 

Estar atento a la forma en la que comen nuestros peces es uno de los puntos más importantes. La mayoría de los peces asocian la presencia de su propietario con el alimento y se agolpan allí donde te colocas a la espera de su comida, esto es signo de salud. Si observas que algún ejemplar no acude a por su comida y se queda apartado del resto, picotea pero no come, o bien coge la comida pero después la escupe, algo va mal. Deberás continuar observando su comportamiento y separarlo del resto lo antes posible para su observación y tratamiento si fuese necesario. 

Sin embargo, debes tener en cuenta que hay especies que comen irregularmente en la naturaleza, y si se les está alimentando adecuadamente en cautividad, la pérdida de apetito puntual no tiene por qué ser un motivo de preocupación. Hay otras especies, las que se alimentan de invertebrados, moluscos, materia vegetal, detritus, huevos y pequeños peces, que comen casi constantemente, por lo que siempre estarán a la espera de comida, a no ser que se les haya alimentado recientemente. 

Coloración

En muchas especies el color es una forma de comunicar su humor, status social, diferencias sexuales y una serie de mensajes relacionados con el comportamiento, como el mimetismo. Algunas especies de peces exhiben una coloración bastante uniforme, que se puede acentuar durante la época de reproducción. Los cambios drásticos son perfectamente normales en muchas especies y pueden afectar a otros peces del acuario, como los cíclidos, que se vuelven territoriales durante la época de cría. Cuando en el acuario hay un grupo de estas especies, es probable que se establezca una jerarquía social y un status relacionado con los diferentes colores.

Los cambios significativos en el color, como oscurecimiento o palidez, deberían considerarse como posibles síntomas de enfermedad. La coloración anómala en una especie o individuo, especialmente si va acompañada de una conducta extraña como decaimiento, pérdida de apetito o que el pez se esconde, puede ser un síntoma de enfermedad o también de un bajo status dentro del grupo. En este último caso los individuos afectados deben mantenerse en observación y, si es necesario, retirarlos si sus condiciones se van deteriorando. Pero, si continúan alimentándose y no muestran síntomas significativos de heridas o agresiones, es mejor aceptar el orden social natural, porque si retiras al más débil o desvalido, entonces el siguiente pez en la escala social tendrá que asumir su posición, y continuará el problema con el más dominante.

La melanina es la que se encarga de darle la coloración al pez y son las hormonas las encargadas de controlar su producción. Cuando un pez está enfermo, no es tan importante mantener la pigmentación normal como la regulación de otras funciones vitales, por lo que generalmente se muestra anormalmente coloreado y tiende a oscurecerse en comparación con los sanos. Un cambio de color también puede deberse a la ceguera, ya que elimina las señales visuales normales que se necesitan para mantener el color normal a la luz del día. 

Los daños en los nervios periféricos, encargados de transmitir las señales químicas que controlan la pigmentación, pueden provocar cambios puntuales en la coloración del pez. Estos cambios también pueden estar provocados por irritación o daños en los tejidos, como parásitos, heridas crónicas o cicatrices, y pueden causar un cambio en la distribución de las células en ese lugar.

El enrojecimiento del cuerpo normalmente está causado por hemorragias, producidas por infecciones bacterianas o víricas generalizadas, o heridas en la piel.

Las Aletas

La aleta dorsal es la que se encuentra en la parte superior del pez, más precisamente en la zona media de la espalda. Esta aleta tiene la peculiaridad de que puede presentarse como una unidad o puede estar segmentada en dos, incluso en tres aletas, dependiendo de la especie de pez. Una de las principales funciones de las aletas dorsales es el equilibrio. Al estar erguida en la parte superior del pez funciona como una especie de “quilla” que impide, o ayuda al pez a no quedar “de costado”. 

Las aletas de los peces deben estar intactas, sin cortes y sin zonas deshilachadas o nódulos, que podrían ser quistes de parásitos. La pérdida de trozos de aletas es normalmente el resultado de una mala calidad del agua, pero no debes confundir esto con las puntas de las aletas mordidas, que son bastante frecuentes en peleas entre machos por la dominancia. La recuperación de las aletas mordidas es rápida y las irregularidades debidas a cicatrices no deben ser causa de preocupación. Sin embargo, las deformaciones genéticas como aletas divididas en dos o más partes o la pérdida completa, pueden ser hereditarias y no son para nada convenientes, especialmente en ejemplares reproductores.

En un acuario con más de un ejemplar es prácticamente inevitable que haya daños leves en las aletas de los peces, pero si el problema se hace más grave deberás identificar las causas o a “los culpables” para actuar en consecuencia. Con un poco de práctica diferenciarás fácilmente los cortes por daños, con el consiguiente deshilachamiento, de las deformaciones naturales. 

No hay ningún motivo por el que un pez con un pequeño daño en la aleta no pueda ser vendido, siempre que se den las condiciones para una rápida cicatrización, pero no se deben vender o adquirir peces con áreas rojas en las aletas, a no ser que formen parte de su coloración natural. Estas áreas o manchas podrían indicar una infección bacteriana o vírica de difícil curación.

Los Ojos

Un pez sano tiene ambos ojos del mismo tamaño, cristalinos, siempre atentos y móviles, sin zonas opacas o turbias. Un pez puede presentar lesiones en los ojos causadas por un traumatismo que puede ser leve o llegar a dejarlo ciego, provocado por una pelea por la dominancia, pero sin más consecuencias para su salud. Pero unos ojos vidriosos o una mirada rígida denotan enfermedad, especialmente si además el animal presenta una conducta anómala. Los ojos también pueden presentar lesiones parecidas a las de la piel, como úlceras y hemorragias. Y los ojos abultados pueden deberse a una enfermedad bacteriana o vírica. También una nutrición deficiente está asociada a la patología de los ojos de los peces. 

Poros Sensoriales

Los poros sensoriales se encuentran en la cabeza y línea lateral del cuerpo. Son un tipo de órgano de los sentidos en el sistema sensorial de los peces, en este caso el de la electrorrecepción. Cada poro se encuentra lleno de una sustancia gelatinosa que cuenta con la misma resistencia que el agua y que tiene propiedades eléctricas similares a las de un semiconductor. Estas estructuras pueden llegar a ser tan sensibles que pueden detectar cambios de voltaje de tan sólo 0,000000005 de un voltio. Los músculos de cualquier ser vivo usan electricidad para moverse y algunas especies dependen de esta característica para encontrar a sus presas. Deben ser pequeños y redondeados. Un agrandamiento de estos poros puede indicar enfermedad, y no debe haber ninguna sustancia en su interior o rezumando.

La Boca

La mayoría de los peces con mandíbula presentan tres configuraciones generales: boca en el extremo anterior de la cabeza (terminal), dirigida hacia arriba (superior) o dirigida hacia abajo o bajo el pez (subterminal o inferior). La boca puede estar modificada como una boca succionadora adaptada para aferrarse sobre objetos en aguas rápidas como ocurre con los loricáridos.

La boca de los peces presenta labios sin daños y es simétrica. Debe ser móvil y abrirse y cerrarse mientras el pez respira. La forma será la típica de cada especie. Especialmente en los cíclidos se pueden dar antiguas cicatrices en los labios debido a que se muerden durante la lucha por la dominancia, pero esto no indica enfermedad. Una boca siempre abierta puede indicar una mandíbula dislocada o la presencia en el esófago de un objeto extraño. Las especies que poseen barbas suelen presentar daños si el sustrato es demasiado grueso o puntiagudo. 

La Respiración

El agua contiene apenas 5 ml de oxígeno por litro y los peces están dotados de las branquias, situadas entre la boca y la faringe, para extraerlo. El agua entra por las branquias cuando el pez abre y cierra la boca, y los vasos sanguíneos presentes en las agallas toman el oxígeno necesario. Los peces óseos, que son los más comunes, tienen una parte que recubre las branquias llamada opérculo. Cuando la boca del pez se abre, el opérculo se cierra, manteniendo el agua en la boca. Cuando la boca se cierra el opérculo se abre para dejar pasar el agua por las branquias, desde donde el oxígeno será llevado hacia la sangre por los vasos sanguíneos. 

La actividad respiratoria de los peces se puede detectar por la velocidad a la que se abren y cierran los opérculos. El ritmo correcto es lento, relajado y regular. Estos movimientos no suelen ser muy definidos y debes tener en cuenta que el ritmo puede variar de unas especies a otras y a diferentes temperaturas del agua.  

La época de cría implica a menudo persecuciones y otros esfuerzos, que originan un incremento en el ritmo respiratorio. Pero una respiración rápida y evidente es siempre sospechosa y, normalmente, indica estrés o enfermedad, por ejemplo, si el pez ha sido víctima de una agresión o las condiciones del agua del acuario son adversas. Un aumento en la velocidad de respiración durante un largo período de tiempo puede producir inflamación de las agallas y posibles daños permanentes. Sin embargo, las agallas hinchadas son bastante normales en los cíclidos incubadores bucales, ya que trabajan más de lo normal.

Las Branquias

Los peces obtienen el oxígeno disuelto en el agua mediante el intercambio por contracorriente, que consiste en que el flujo sanguíneo circula en dirección opuesta a la de la corriente de agua.  De esta forma, el pez se asegura de optimizar al máximo el intercambio de gases y obtener hasta un 85% del oxígeno del agua que pasa por las branquias o agallas. En un pez sano, las agallas son ricas en sangre, con las lamelas claramente marcadas.

Si las agallas muestran palidez es señal de enfermedad. Si son de color marrón puede ser síntoma de intoxicación por nitritos. Las agallas inflamadas pueden denotar enfermedad o estrés, si el pez es perseguido constantemente. Si observas un exceso de mucus y erosiones, puede deberse a la presencia del gusano de las agallas (Dactylogyrus), otros parásitos o agentes infecciosos.

Es una malformación genética que el opérculo, la aleta de hueso duro que cubre y protege las branquias, esté ausente total o parcialmente, dejando las agallas desprotegidas. Estos peces no deben utilizarse para la cría. 

Escamas y Piel

La piel de los peces difiere de la de los mamíferos en que toda la epidermis está formada por células vivas, y recubierta por una capa mucosa que proporcionan al animal un revestimiento impermeable. Las escamas están incrustadas en la epidermis, por lo que se produce un serio desperfecto en la piel cuando se pierden. Aunque se pueden desprender por accidente o por pequeñas refriegas, un daño más serio en las escamas es una razón para no comprar los peces, o señal de que algo sucede en el acuario, como agresiones directas, choques con objetos duros durante la huida, o repetidos rasguños. Las hemorragias sugieren daños en las escamas o problemas infecciosos más serios. 

El erizamiento de las escamas generalmente se asocia con una inflamación abdominal o hidropesía. Las lesiones localizadas en el interior de la piel o el abdomen pueden producir elevaciones de escamas en pequeñas zonas. Cuando aparecen pelusas normalmente se deben a una infección por hongos como Saprolegnia spp. 

La superficie del cuerpo de un pez sano está desprovista de manchas (excepto las que forman parte normal de su coloración), nódulos, mechas de hongos u otros defectos. La mucosa del cuerpo debe formar una cubierta invisible. Si este revestimiento se observa como una capa gris o una peladura, debes tener cuidado.

Los parásitos pueden provocar un engrosamiento de la piel y originar focos blanquecinos. Es posible observar grandes ectoparásitos como sanguijuelas, piojos o gusanos de ancla. Ciertos microorganismos pueden producir síntomas reconocibles a simple vista en la piel. Oodinium spp puede observarse como un fino polvo, por lo que se denomina enfermedad del terciopelo. Los puntos blancos que aparecen en la superficie del pez son la evidencia de una infección por Ichthyophthirius multifiliis. 

Deposiciones

Las deposiciones de los peces son normalmente el reflejo de la alimentación que se les ofrece, tanto en color como en consistencia. Las heces blanquecinas, casi trasparentes o colgantes pueden ser síntoma de enfermedad. Cualquier cambio significativo debes considerarlo como un síntoma peligroso y, a no ser que esté relacionado con un cambio reciente en la dieta, deberás separar al ejemplar en cuestión lo antes posible para su tratamiento.

Si detectas algún cambio en tus peces que te haga sospechar que están enfermos y no tienes demasiado claro cómo actuar, no dudes en pedir consejo y ayuda.

Consulta en nuestro blog cuales son las enfermedades más comunes en un acuario tropical y cómo tratarlas: Las enfermedades más comunes de los cíclidos y su tratamiento
 

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